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¿Qué provoca el síndrome de fatiga visual en los niños?

El uso abusivo de dispositivos electrónicos, como tabletas, ordenadores, móviles o gafas de realidad virtual es uno de los principales responsables de la aparición del síndrome de fatiga visual en los niños, quienes, en muchas ocasiones, también los utilizan como una herramienta más en sus centros educativos.

Y es que, prosigue, cuando se está ante una pantalla se parpadea menos, por lo que los ojos, que deben estar bien humedecidos con la lágrima, se secan con mucha mayor facilidad. Esto produce una irritación en la superficie de los ojos y causa molestias, picazón, escozor, ojos rojos o dolores de cabeza.

Algunos niños pueden ser más susceptibles a estos efectos del síndrome de fatiga digital, como, por ejemplo, aquellos que puedan presentar reacciones alérgicas, sean atópicos o tengan peor calidad o cantidad de lágrima. Igualmente so un colectivo con mucha más susceptibilidad a presentar problemas derivados de la exposición intensiva a pantallas digitales los niños y niñas con errores refractivos asociados, es decir, con problemas visuales como hipermetropía, miopía o astigmatismo.

Hay otro factor que interviene en la aparición del síndrome de fatiga digital es la existencia de un brillo excesivo o insuficiente en la propia pantalla. Cabe destacar que, la fatiga visual se acentúa si se está expuesto a una cantidad excesiva de brillo de la pantalla, especialmente si la luz ambiental es insuficiente, ya que la pantalla constituye un foco de luz constante sobre los ojos y superior a lo necesario. Por otra parte, si el brillo es insuficiente, y especialmente si la pantalla es muy pequeña, requerirá un esfuerzo excesivo, provocando una mayor fatiga ocular.

Con el fin de reducir el riesgo de sufrir el síndrome de fatiga digital, se recomienda realizar las revisiones oftalmológicas rutinarias. Estas deben hacerse tanto en la infancia, sobretodo si hay antecedentes familiares. Después moderar el tiempo de uso excesivo de pantallas, cada 20 minutos de trabajo delante de una pantalla lo ideal sería hacer un descanso de 20 segundos, parpadear y mirar hacía una distancia de 6 metros. Además hay que controlar el brillo de la pantalla, la iluminación ambiental y el tamaño del dispositivo.

La distancia adecuada de lectura es de 33 centímetros respecto a los ojos, y además que el tamaño del dispositivo sea el adecuado. No hay que dejar de minimizar el uso del móvil como herramienta de trabajo, de estudio y de ocio.

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